La Emperatriz en el Tarot de Thoth. Simbolismo, significado y relación con Venus.
La Emperatriz en el Tarot Thoth
La emperatriz en el Tarot Rider Waite. Siimbolismo, significado y correspondencia astrológica.
La Empertriz en el Tarot Rider-Waite
Simbología y significado de la Emperatriz en el Tarot de Marsella
La Emperatriz en el Tarot Marsella
Sendero 14 del Árbol de la Vida. Cábala.
Sendero 14

La Emperatriz

Emperatriz

La Emperatriz en el Tarot

La Emperatriz en el Tarot representa el principio de la creatividad consciente y la inteligencia formativa que da cuerpo a las ideas sembradas previamente en el subconsciente. Si el Mago proyecta la intención y la Sacerdotisa la gesta en silencio, la Emperatriz se encarga de la expresión plena de esa intención y la convierte en dinamismo, belleza y fecundidad. Es la matriz activa de la Naturaleza, la energía que teje y engendra todo lo que puede ser percibido en el mundo fenoménico. Su esencia es el poder de la imaginación creadora, la facultad por la cual la mente humana convierte posibilidades en realidades y transforma lo abstracto en formas definidas.

En la tradición hermética, la Emperatriz es el principio femenino en su aspecto dinámico: no pasivo como la Sacerdotisa, sino generador, productivo y luminoso. Representa la inteligencia que relaciona, que asocia elementos aparentemente desconectados y que hace surgir de estas asociaciones nuevas ideas. Es la manifestación del Espíritu en su capacidad de multiplicarse y diversificarse, de llenar el mundo con colores, aromas, sensaciones y experiencias. Bajo su influencia, la Naturaleza se vuelve un vasto libro abierto, un conjunto de símbolos que enseñan al observador atento cómo opera la ley creativa en todos los planos.

Las Tradición la vincula con la Imaginación, entendida no como fantasía inconexa, sino como la potencia creadora de la mente, la facultad divina mediante la cual todo lo que existe es originado a través de un modelo mental. La Emperatriz es ese modelo: la imagen interna que se vuelve forma externa. Su corona de doce estrellas, en muchas versiones del Tarot, simboliza el dominio sobre los ciclos, la capacidad de gobernar las fuerzas zodiacales que organizan el devenir del mundo físico y astral. En ella confluyen la abundancia, la fertilidad y la belleza, como resultados naturales de un orden interior armonioso. Lo que la Emperatriz expresa es siempre proporción, equilibrio y sentido estético, porque su esencia es la armonía universal.

Desde la perspectiva psicológica, la Emperatriz encarna la función mediadora entre la mente subconsciente y la mente concreta: es la responsable de traducir en imágenes claras aquello que, en la Sacerdotisa, permanece como potencial. Representa el pensamiento imaginativo dirigido, la capacidad de construir formas claras en la mente para que luego puedan ser materializadas por la acción. Todo acto de creación humana —sea artístico, intelectual, emocional o espiritual— pasa por la etapa de la Emperatriz: la organización de la idea en un molde específico, en una forma concreta que puede luego expresarse a través del cuerpo, la emoción o el trabajo.

Las escuelas de magia ceremonial reconocen en la Emperatriz el poder de la palabra en su aspecto creativo, el logos que ordena y embellece. Si en la Sacerdotisa la palabra está oculta, en la Emperatriz se vuelve expresión armoniosa, vibración modulada capaz de transformar los estados internos y las condiciones externas. Por eso se la asocia con Venus, símbolo de atracción, cohesión y generación. Su obra opera por magnetismo, por afinidad, por el poder de atraer hacia ella aquello que necesita para la realización de su propósito.

En la psicología esotérica, la Emperatriz es la función psíquica que unifica lo emocional y lo mental para producir creatividad. Allí donde el Mago representa la idea y la Sacerdotisa la memoria profunda, la Emperatriz es la capacidad de unir ambas para producir vida. Su energía se manifiesta como  la fuerza interior que impulsa al ser humano a desarrollarse, a expresarse y a dar forma a sus deseos más elevados. Representa la confianza en la vida, la seguridad en la abundancia y  la certeza de que la Naturaleza responde siempre con generosidad cuando se actúa en armonía con sus leyes.

Imaginación Creativa

La Emperatriz en el Tarot encarna el poder de la imaginación creativa, principio mediante el cual toda semilla interna encuentra un cauce para multiplicarse y adquirir forma. Así como la suma del Uno y del Dos da origen al Tres, La Emperatriz surge de la interacción dinámica entre la fuerza activa de El Mago y la receptividad profunda de La Sacerdotisa. En ella se manifiesta el resultado vivo del proceso creativo: la premisa que tras ser concebida en el silencio del subconsciente, se abre paso hacia la expresión consciente. Por eso, en su naturaleza simbólica, este arcano es esencialmente femenino y exterior, pues lo femenino alude a la energía formativa del subconsciente, mientras que la escena exterior indica que aquello que se gesta internamente ha comenzado ya a proyectarse en el plano visible.

En la tradición esotérica, los ambientes representados en el Tarot son claves interpretativas del estado de la conciencia: los interiores se relacionan con procesos ocultos o subconscientes, mientras que los exteriores señalan actividades en el ámbito de la vigilia y de la manifestación consciente. Del mismo modo, las figuras masculinas simbolizan la autoconsciencia —el principio que observa, dirige y elige—, mientras que las figuras femeninas representan la subconsciencia, matriz que recibe, organiza y da forma. Es por eso que la actividad del arcano tres se define como subconsciencia consciente, es decir, el punto donde la imaginación, alimentada por fuerzas internas, comienza a revelarse en el mundo fenomenológico.

La Emperatriz representa, además, la encarnación del Principio Femenino materializado. Mientras que La Sacerdotisa corresponde al Principio Femenino Universal —la matriz primordial desde la cual descienden los arquetipos—, La Emperatriz actúa en el plano donde dichos arquetipos encuentran expresión tangible. Una hace descender la luz; la otra la convierte en  forma. En este sentido, La Emperatriz personifica la naturaleza misma: la belleza que se expande, la fecundidad que multiplica, la tendencia al hedonismo, la abundancia y la gratificación que acompaña a todo proceso de creación consumada.

Desde la perspectiva psicológica de Carl Gustav Jung, La Emperatriz se corresponde con la función del sentimiento, entendida no como emotividad superficial, sino como la capacidad de valorar y dotar de significado a la experiencia. Ella confiere calidad, color y profundidad a lo que el intelecto, por sí solo, no podría vivificar. 

La Emperatriz Madre Cósmica

El tercer arcano mayor del tarot es ampliamente conocido como La Emperatriz,(La Hija de los Poderosos Unos, según la Tradición) título que refleja la idea de soberanía femenina, fertilidad y poder creativo. En los primeros mazos del Renacimiento, como el Visconti-Sforza, ya aparece con este nombre, vinculándola al principio de la madre universal, al aspecto fecundo de la naturaleza y al orden político-social de la monarquía.

Tras la Revolución Francesa (1789), el simbolismo monárquico se volvió incómodo en ciertos círculos, y algunos tarots —como los producidos en Marsella y sus derivados— sustituyeron o suavizaron las referencias directas al poder imperial. Aunque en la mayoría se mantuvo el nombre de L’Impératrice, en otros contextos se experimentó con títulos alternativos que evitaran referencias al absolutismo.

Curiosamente, en tradiciones menores y barajas regionales aparecieron nombres inusuales como “Le Grand-Père” (el Abuelo) y “La Grand-Mère” (la Abuela), lo que parece un intento de desplazar el énfasis de la autoridad política hacia la figura arquetípica de los ancestros, símbolos de sabiduría, continuidad y transmisión de la vida. Estos títulos, aunque marginales, muestran cómo el arcano podía reinterpretarse según el clima cultural y espiritual de la época.

En otros tarots esotéricos posteriores, especialmente con el auge del ocultismo del siglo XIX y de escuelas como la Golden Dawn, la Emperatriz se conservó bajo su título clásico, pero se le añadieron correspondencias astrológicas (Venus), cabalísticas (la letra hebrea Daleth, “puerta”) y herméticas, destacando su papel como canal del poder generador de la divinidad. En el tarot de Crowley (Thoth Tarot), se refuerza esta visión cósmica y alquímica, presentándola como la matriz universal de la vida.

 La Emperatriz representa la triple naturaleza de la Voluntad Primaria: Brahma-Shiva-Vishnu, en el hinduísmo; Osiris-Isis-Horus, en el antiguo Egipto, así como la Trinidad cristiana, dogma instituido en el Concilio de Nicea, dispuesto como Padre, Hijo y Espíritu Santo, el cual extrañamente expulsa a la virgen-madre María y la interpreta como figura histórica.

Arcano III

La relación entre La Emperatriz y el número Tres revela la esencia misma de su naturaleza creativa. En el simbolismo esotérico, el Tres representa el fruto que surge de la unión dinámica entre los dos principios fundamentales: el Uno y el Dos. Así como toda manifestación requiere de un impulso inicial y de una matriz receptiva, La Emperatriz encarna el momento en que esas dos fuerzas —la autoconsciencia activa y el subconsciente receptivo— encuentran un punto de síntesis y dan origen a una nueva realidad. En términos cabalísticos, si el Uno corresponde a Yod, el Principio Activo o Masculino, y el Dos a He, el Principio Receptivo o Femenino, entonces el Tres se manifiesta como Vau, la síntesis viviente que emerge cuando ambas potencias se enlazan y producen una tercera cualidad. Esta trinidad fundamental es el arquetipo de toda fecundidad, pues expresa la plenitud que brota cuando los opuestos se integran y se equilibran.

Desde la perspectiva de la Ley de Generación, el universo es el escenario donde dos polos complementarios actúan en todos los niveles —físico, mental y espiritual— generando formas, procesos y experiencias. Nada puede producirse sin la participación simultánea de un principio que impulsa y otro que recibe; ambos se requieren mutuamente para que cualquier germen pueda desplegarse. Desde la concepción de una célula hasta el nacimiento de una estrella, la manifestación no es sino el resultado de la interacción armónica entre estas dos fuerzas polares. Cuando dicha interacción se sostiene, la polaridad se convierte en un ritmo creador, y este ritmo es precisamente la nota vibratoria del número Tres.

Por eso se dice que La Emperatriz corresponde al Arcano número Tres: ella simboliza la formación y la elaboración de aquello que anteriormente existía solo como potencia. La repetición de la unidad mediante la agencia de la dualidad es un acto de reproducción, y el Tres es la cifra que marca el instante en que lo posible se hace fértil. En La Emperatriz, el proceso creativo abandona la abstracción de los arquetipos y entra en el terreno de la naturaleza viva, multiplicándose como un jardín fértil donde cada semilla encuentra su forma adecuada.

Dalet

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La letra asociada a La Emperatriz es Dálet, cuyo significado esencial es puerta. Toda puerta implica un tránsito, un pasaje desde un estado a otro, y por ello Dálet es un símbolo profundamente femenino: representa el misterio del nacimiento, la reproducción y la capacidad de dar forma concreta a lo que antes era sólo potencial. Allí donde La Sacerdotisa custodia el principio universal y abstracto de lo femenino, La Emperatriz lo encarna en su expresión terrenal y creativa.

Dálet es el útero metafísico: el receptáculo que acoge la semilla, la resguarda durante su periodo de gestación y finalmente la entrega al plano físico como un ser o un hecho diferenciado. En el plano mental, esta dinámica corresponde con la obra del subconsciente. La autoconsciencia deposita en él impresiones, imágenes, intenciones y directrices; el subconsciente las reúne, las organiza y, tras un proceso silencioso pero constante, las devuelve transformadas en experiencias, eventos y circunstancias que estructuran nuestra realidad cotidiana. Dicho de otro modo, Dálet es la matriz donde se combinan los elementos que la imaginación creativa utiliza para producir la forma.

El jeroglífico primitivo de esta letra hunde sus raíces en la representación del brillo del amanecer, símbolo del acceso de la luz al mundo a través del portal del Este. El amanecer no sólo inaugura el día; revela lo que permanecía oculto bajo la penumbra y hace visible el paisaje latente. Este poder revelador vincula a Dálet con la “inteligencia luminosa”, un aspecto de la conciencia que permite que lo invisible se vuelva manifiesto y que los contenidos interiores encuentren un cauce para expresarse en el mundo objetivo.

Venus

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Cuenta la mitología griega que Saturno, después de mutilar a Urano, lanzó sus testículos al mar y cuando el semen entró en contacto con la espuma de las olas, nació la más hermosa de todas las diosas: Afrodita, conocida en la antigua Roma como Venus.

El planeta Venus, atribuido a esta carta, es regente del amor, la sensualidad, la belleza y la voluptuosidad. Favorece las relaciones interpersonales y activa las experiencias internas tales como emociones y afectos, así como la armonía, convirtiéndose en  fuente inagotable de sensibilidad artística.

En astrología, Venus es el planeta del amor, la armonía y la atracción. Representa la fuerza que nos impulsa a buscar el placer, la belleza y las relaciones que nos completan. Su energía está asociada a la unión, la ternura y el deseo de equilibrio, pero también a la capacidad de valorar lo material y lo sensorial. Allí donde se encuentra Venus en una carta natal, se manifiesta nuestra forma de dar y recibir afecto, el modo en que buscamos armonizar con el mundo y también cómo disfrutamos de la vida a través de los sentidos.

Venus se vincula directamente con el Arcano III del Tarot. La Emperatriz es la encarnación de la fecundidad, la creatividad y la abundancia de la vida, siendo un símbolo del poder generador de la naturaleza. Su relación con Venus subraya que la creación no es solo un acto de poder, sino también de amor y armonía. Ella da forma a las semillas sembradas por el Mago (el Uno) y gestadas por la Sacerdotisa (el Dos), convirtiéndolas en fruto visible, en manifestación tangible.

Venus, a través de La Emperatriz, representa el principio universal de atracción y fecundidad que mantiene la vida unida y en expansión. Es la fuerza que convierte la dualidad en síntesis creativa, la que hace de la unión un acto generador y un camino hacia la comprensión del orden cósmico.

Matriz de la Forma

La Emperatriz, desde su función como matriz de la forma, representa los modelos esenciales sobre los cuales se estructuran todas las manifestaciones físicas. En su dominio, los pensamientos no son solo abstracciones, sino entidades reales, dotadas de una sutileza vibratoria que, a través de procesos internos progresivos, terminan por precipitarse en la materia. Lo que denominamos “milagros” no constituye una ruptura de la ley natural, sino la aceleración consciente de estos mismos procesos por parte de quienes dominan el arte de la transmutación mental. Tanto el iniciado como el maestro operan bajo una misma premisa: el mundo visible es un reflejo del imaginario mental, y es este imaginario el que sirve como fundamento para las condiciones físicas, emocionales y ambientales que conforman nuestra existencia.

El aparente caos que impera en el mundo surge del choque constante de millones de imágenes internas, inconexas y desordenadas, que se generan en la conciencia colectiva de la humanidad. Cada mente contribuye, aunque sea mínimamente, a este tejido de formas en perpetuo movimiento. Por ello, si se desea transformar circunstancias adversas o patrones indeseables, es indispensable ordenar el campo imaginativo y producir imágenes que estén en consonancia con la realidad que se pretende manifestar.

No basta con pronunciar afirmaciones positivas desprovistas de contenido sensorial o emocional; la mente subconsciente responde a imágenes vívidas, coherentes y detalladas, capaces de establecer un modelo claro hacia el cual dirigir las energías internas. Estas representaciones actúan como moldes que organizan la sustancia sutil de la mente y preparan tanto al cuerpo como a la psique para los cambios correspondientes. Cuando la imagen es precisa, estable y cargada de intención, activa fuerzas profundas que, con el tiempo, emergen como condiciones tangibles en el plano material. Así opera la inteligencia creadora de La Emperatriz: dando forma al mundo exterior a partir del vasto y fértil reino interior.

Sendero Cabalístico

Sendero 14 del Árbol de la Vida. Cábala.

 Es el decimocuarto camino. Une a Jojma (La Sabiduría) con Binah ( El Entendimiento). Binah representa la potencia femenina del universo  que es  fecundada por Jojma, potencia masculina. Aquí la energía es dotada de forma y se expresa como naturaleza. Por lo que se puede afirmar que la forma es la disciplina de la fuerza.

Simbología en el Tarot Thoth

La Emperatriz en el Tarot de Thoth. Simbolismo, significado y relación con Venus.

En el Tarot de Thoth, la figura de La Emperatriz condensa el misterio de la fertilidad primordial en una iconografía donde cada elemento habla de generación, abundancia y poder formativo. Sostiene en sus manos la flor de loto de Isis, emblema del eterno femenino y de la matriz universal de la cual emerge toda vida. Este loto no es solo un símbolo de pureza espiritual, sino también la representación de la vagina arquetípica, la puerta a través de la cual la energía creadora se abre paso hacia la manifestación. La Emperatriz permanece sentada en un trono que expresa la plenitud de la manifestación cósmica, una estructura sólida y radiante de la cual brotan juncos, recordando su íntima relación con las aguas profundas de Binah, la Gran Madre cabalística. Ella es el vehículo visible de una potencia que nace en las regiones ocultas del Ser.

La disposición de sus brazos —formando el símbolo alquímico de la Sal— manifiesta su naturaleza como agente que fija, estabiliza y da forma a la energía. La Sal es el principio de cohesión en la alquimia, el punto donde los contrarios encuentran una estructura común. En La Emperatriz, esta función se convierte en la capacidad para recoger la influencia del Fuego (representado por El Mago) y la receptividad del Agua (simbolizada por La Sacerdotisa), integrándolas en un cuerpo capaz de producir vida y organizar la forma. Sobre ella se posan un gorrión y una paloma, aves consagradas a Venus, cuya presencia confirma que la matriz creadora no es solo un recipiente pasivo, sino un campo donde actúan fuerzas de atracción, armonía, deseo y belleza.

A sus pies, una pelícana alimentando a sus crías revela el aspecto sacrificial de la maternidad: la vida que se entrega a sí misma para seguir creando más vida. Aunque la leyenda que afirma que la pelícana se abre el pecho para nutrir a sus pequeños carece de fundamento natural, posee un profundo significado espiritual: la creación exige un acto de entrega, una transmutación por la cual la propia esencia se vuelve alimento para nuevas formas de existencia. El suelo cubierto de flores de lis, símbolo tradicional de la procreación y del florecimiento, reafirma esta función multiplicadora. A cada lado de la figura, dos lunas giratorias marcan el equilibrio perfecto entre las polaridades, indicando que la acción de La Emperatriz se desarrolla en un estado de armonía dinámica, donde la energía se transforma sin perder su centro.

La Emperatriz del Tarot de Thoth sintetiza la sabiduría de la Madre, la potencia creadora de la imaginación activa y el misterioso proceso por el cual lo invisible se reviste de forma. Desde las aguas oscuras de Binah, mediante la luz venusina, Ella estructura, nutre y perpetúa la vida. Es la fuerza que embellece y multiplica, la matriz que ordena el caos mediante la proyección de imágenes, y el principio que, al mismo tiempo, concibe, sostiene y da a luz todo lo que existe.

Simbología en el Tarot Rider-Waite

Significado de La Emperatriz Tarot Rider Waite

En el Tarot de Waite, La Emperatriz aparece como la encarnación visible de la energía fecunda que anima al universo. Su cabello amarillo expresa la irradiación vital del poder creador, la luz sutil que se transforma en forma cuando es filtrada a través del espejo del subconsciente. Sobre su cabeza reposa una corona de doce estrellas, atributo que alude a su vínculo directo con el zodíaco y, por extensión, con las fuerzas universales que gobiernan los ciclos de manifestación. Este detalle es crucial: su naturaleza receptiva no se limita a las impresiones provenientes de la autoconsciencia humana, sino que también se abre al flujo incesante del poder cósmico, convirtiendo a La Emperatriz en un punto de unión entre el microcosmos y el macrocosmos.

En su mano derecha sostiene un cetro coronado por un globo, símbolo del poder femenino como fuerza generadora y modeladora. Es la autoridad de lo receptivo, esa capacidad de contener, nutrir y dar continuidad a la vida en todos los planos. A sus pies encontramos un escudo con el símbolo de Venus, su regente astrológico, recordándonos que toda su actividad está impregnada por el principio de atracción, armonía y belleza. Ella no crea de manera mecánica, sino por resonancia: todo lo que surge bajo su influencia posee un orden, una proporción y un sentido interno de plenitud.

El primer plano de la imagen está poblado de espigas de trigo, representación directa del poder multiplicador. El trigo brota de la tierra, pero su origen se encuentra en la semilla; de manera similar, toda condición material es el fruto maduro de la imagen previamente sembrada en la imaginación. La Emperatriz manifiesta, así, la ley que afirma que todo pensamiento profundamente sentido germina en la realidad, pues en el plano mental la imagen es  una forma en estado germinal.

Detrás de ella fluye un arroyo, nacido simbólicamente en la túnica de La Sacerdotisa. Este detalle revela que la corriente de la consciencia exterior es alimentada por las aguas profundas del subconsciente universal: La Emperatriz es la expresión dinámica de aquello que La Sacerdotisa contiene en estado potencial. El arroyo desemboca en un estanque, evocación de la Ley de Generación en el plano mental, donde la unión entre autoconsciencia y subconsciente da origen a toda forma. El estanque sintetiza ese encuentro secreto: el impulso activo que fecunda, y el receptáculo fértil que organiza la creación.

El color dominante de la carta es el verde, tonalidad asociada a la letra Dálet, símbolo de la puerta por la cual la energía desciende a la manifestación. Este verde tiene su significado: resulta de la mezcla del amarillo de El Loco, expresión del espíritu puro y del impulso vital, con el azul de La Sacerdotisa, reflejo del subconsciente universal. La Emperatriz, en consecuencia, es literalmente el fruto cromático de ambos principios: lo que era impulso y posibilidad se convierte ahora en forma viviente.

En el fondo del paisaje se elevan cipreses, árboles vinculados tradicionalmente a Venus, cuya presencia refuerza la atmósfera venusina de la escena. Del mismo modo, el collar de perlas que porta La Emperatriz alude a la elaboración paciente y misteriosa que define todo acto de creación: así como la ostra transforma una mínima irritación en una joya, el subconsciente convierte una impresión en una realidad concreta. Nada es inmediato, pero todo es inexorable.

Simbología en el Tarot Marsella

Simbología y significado de la Emperatriz en el Tarot de Marsella

 La Emperatriz del Tarot de Marsella se presenta envuelta en ricas vestiduras, signo de la abundancia esencial que proviene de la actividad creadora del subconsciente. Su atuendo expresa la opulencia inherente a la imaginación fecunda, esa capacidad de multiplicar toda impresión recibida, de revestir de forma y color aquello que antes existía solo como posibilidad.

En su mano derecha sostiene un escudo, en el cual se despliega un águila de alas extendidas. Este símbolo es particularmente revelador, pues el águila representa la elevación de la consciencia hacia planos superiores. Su presencia indica que La Emperatriz no actúa de manera autónoma; su poder creador está íntimamente conectado con los niveles más altos del ser. La imaginación, entendida desde esta perspectiva, no es fantasía o ilusión, sino un canal que une lo celeste y lo terrestre. Al sostener el escudo con la diestra —la mano de la intención activa— La Emperatriz establece que la verdadera creación nace cuando la autoconsciencia se alinea con la Sabiduría Superior.

En su mano izquierda sostiene un cetro, coronado por un globo y una cruz, símbolo de la unión de los principios masculino y femenino. El globo representa la totalidad de la manifestación; la cruz, el equilibrio dinámico entre los opuestos. Este cetro, más que un signo de autoridad, es la declaración de un proceso: la creación no es producto de una sola fuerza, sino de la síntesis armoniosa entre impulso y receptividad. Lo notable es que el extremo del cetro apunta hacia su vientre, indicando que La Emperatriz se encuentra en estado de gravidez. La imagen señala que toda forma proviene de esa gestación interior en la que lo masculino —la directriz consciente— impregna lo femenino —el poder formativo del subconsciente— para dar lugar a nuevas realidades.

Este gesto es una enseñanza velada:
la imaginación creadora es siempre el resultado de la impresión que la autoconsciencia proyecta sobre el subconsciente, cuya naturaleza es recibir, nutrir y finalmente exteriorizar aquello que se le ha sembrado. El vientre de La Emperatriz es, entonces, el espacio alquímico en el que las imágenes toman forma antes de precipitarse en el mundo físico.

A sus pies brota un arbusto, símbolo directo de la fertilidad y del poder multiplicador que domina toda la escena. Esta planta emerge como prueba visible de que la actividad interna de La Emperatriz encuentra inevitablemente su reflejo en el plano externo. El arbusto representa la integridad del proceso creador: raíz, tallo y fruto, todo ello surgido del solo acto de concebir mentalmente una forma.

Atribución astrológica de La Emperatriz:

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